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Amor a la humana

En nuestro bello e interminable proceso de desarrollo como seres de energía, inteligencia y espirituales que somos, en donde vamos descubriendo a través del entendimiento, que la vida siempre es buena, abundante, generosa, bella, eterna e ilimitada, se nos van presentando innumerables experiencias que conllevan aprendizaje; algunas claras, otras apenas perceptibles y otras, por el momento imperceptibles a nuestra mente debido a su nivel actual de desarrollo.

Generalmente aprendemos a través del ejemplo y de la repetición de lo que vemos en nuestros modelos naturales, padres y maestros, sin percatarnos que es posible que aquello que nos enseñan, como dice Serrat, con la leche templada, con todo el amor y con la mejor intención, no necesariamente es correcto, óptimo y ni siquiera deseable. Sobre todo, cuando la gran mayoría de la gente coincide en ciertos criterios, por el simple hecho de que por siglos y de generación en generación se han venido transmitiendo dichos paradigmas de una manera aparentemente natural y se han considerado adecuados.

Por razón natural de que la mente no acepta lo equivocado, los procesos aprehendidos desembocan invariablemente en sufrimiento y frustración. Ese es el caso desafortunadamente en muchas ocasiones del Amor a la humana.

Antes de continuar con la reflexión me gustaría aclarar el porqué del titulo “Amor a la humana” y es que el calificativo -a la humana- se utiliza mucho por los metafísicos para definir la forma en que se ven ciertas cosas, desde la perspectiva del mundo de las personas que hemos sido enseñados de esa forma, justamente – a la humana- es decir invirtiendo causa y efecto, equivocando el sentido correcto, debido a una mala enseñanza.

De tal manera, que nos han enseñado a amar, en mi opinión, de una forma equivocada y eso no significa que el Amor sea malo, por el contrario, el Amor aun cuando sea a la humana siempre purifica el alma, es el sentimiento mas natural y siempre mejorará al mundo. Sin embargo, el Amor a la humana, ese que equivocadamente se nos ha enseñado, es el que jamás podrá darnos una sensación de plenitud permanente.

Si enfocamos nuestra atención en el amor de pareja, suele suceder, que en la etapa inicial del enamoramiento, en donde todo es bello y ambos se entregan casi sin expectativa al otro, se obtiene una sensación que pudiese asemejarse a la plenitud, sin embargo, con el tiempo, comienzan las decepciones y los tropiezos y es por ello, que mucha gente, equivocadamente, termina por buscar a alguien más, buscando que le proporcione esa sensación de enamoramiento de las etapas iniciales.

El único Amor que se pudiera parecer al Amor Universal es el Amor que es prodigado de padres a hijos, pero ese amor ni siquiera lo podemos comprender en toda su dimensión hasta que pasamos nosotros mismos por la experiencia de ser padres, pero en cualquier forma distinta a esa, siempre hay una doble intención que acompaña al sentimiento natural.

Pero continuando con el amor de pareja, la enseñanza va enfocada como tantas otras cosas en la vida, a mi juicio, de una manera equivocada, compleja, yo diría francamente equivocada, pero una vez que se ha arraigado en nuestro ser, es muy difícil desprenderse, debido a que hemos aceptado esas creencias como propias, como verdaderas y correctas.

Nos van enseñando un concepto de Amor que no es que sea malo, sino que es de alguna manera incompleto, imperfecto y por ende no puede ser pleno.

Nos han enseñado que somos imperfectos, impuros, pecadores, dependientes, limitados e incompletos y a esperar una reciprocidad de la pareja que de alguna manera, termina por convertirse en un acuerdo bilateral de voluntades, que en vez de mirarse como una forma pura de amor en la que ambos se entregan a la relación por voluntad propia, en el que basan su amor en la elección, enfocándose en lo que uno ofrece y no en la renuncia o peor aun centrándose más en las exigencias hacia la otra persona, de una manera egoísta y yo diría que degradando el amor a una especie de negociación.

Para tratar de comprender la enorme diferencia entre el Amor a la humana y el Amor Universal podríamos intentar hacer una analogía con las etapas del desarrollo de la conciencia ética del pensamiento de Lawrence Kohlberg, que en alguna ocasión le escuche a Eduardo Garza Cuellar en su conferencia sobre la novela de ” Los Miserables” de Victor Hugo y nos habla de seis etapas en el desarrollo de la conciencia ética, las cuales van de la más baja a la más alta en jerarquía e importancia y podríamos analizar a la luz de dichas etapas, el tema del Amor de pareja y como éste es demasiado amplio, podríamos precisar a través de un ejemplo como el de la fidelidad a la pareja:

1.- La primera etapa del desarrollo de la conciencia ética, según Kohlberg, es la ética del premio y el castigo en donde el agente ético no está en uno mismo, sino en un tercero, quién es aquel que va a premiar o castigar dicha conducta, así la decisión de una persona de serle fiel a otra, estaría basada en si lo descubren o no y en el temor al castigo que podría recibir por ello.

2.- El segundo nivel es el de la ética de mercado, de la ética de la conveniencia, – si me da más de lo que me quita es bueno, si me quita más de lo que me da es malo- así la decisión de ser fiel de una persona, estribará en un juicio de lo que se puede perder y de lo que se puede ganar con un hecho determinado, en función de lo que se arriesga y lo que aparentemente se gana, claramente es un tema de costo-beneficio.

3.- El tercer nivel es el de la afiliación, de la membresía, es decir, se basa en la relación con un determinado Grupo de pertenencia. Lo que fortalece al grupo será premiado, por el contrario lo que debilita a dicho grupo será castigado por el mismo. En éste caso el elemento ético sería ese grupo de afiliación, sea cual fuere y ése sería el punto que influiría en el individuo para serle fiel o infiel a su pareja. la forma en que generalmente premia o castiga el grupo a través de la jerarquía, ascensos y degradaciones, hasta llegar a la exclusión.

4.- El cuarto nivel es el de la norma, el de la leyes y tiene que ver con lo que dice la norma escrita -el derecho positivo e incluso los convencionalismos sociales y las tradiciones- Este es un grado superior a la tercera etapa, debido que es de observancia general y no sólo de un grupo. Quien atiende a esto en el ejemplo cuidaría no cometer un delito como lo es adulterio, el cual es tipificado en el código civil.

5.- La quinta etapa es la ética de la autonomía, en la que la persona no sólo tiene el nivel de conciencia para analizar si una ley es justa o injusta, en el caso de ser justa, la cumplirá pero será porque así lo que dicta su propia conciencia y en el ejemplo que nos ocupa la persona será fiel a su pareja independientemente de los motivos señalados en cada una de las etapas posteriores, por el deseo de serlo, en ésta etapa y en el más alto nivel del amor a la humana, el individuo se entrega por gusto, por amor, independientemente que esté de acuerdo o no con cada uno de los puntos mencionados en las etapas anteriores. Pero el hecho de su fidelidad va a ser consecuencia principalmente de su elección y no de la renuncia, porque ni siquiera se cuestionaría la posibilidad contraria.

Pero por más bello que suene lo anterior, aún en el máximo nivel de ésta etapa, el Amor sigue siendo imperfecto a mi gusto y aunque muchos de nosotros, no nos imaginaríamos la necesidad de una sexta etapa en el desarrollo de la conciencia ética la hay y es justamente la etapa del Amor Universal.

La Vida es buena y perfecta y el Amor es Universal. Aunque nos hayan enseñado a amar a la humana ese amor de intercambio, de condiciones, de apegos, de cadenas, y de títulos de propiedad.

El mundo sería otro si la gente amara más y juzgara menos, si el amor que profesamos fuera incluyente y no excluyente, si estuviese más fundamentado en la aceptación en lugar de en la censura, si el enfoque fuese más hacia dar que a recibir. Valdría la pena reflexionar en ello, tenemos el mejor ejemplo a seguir, alguien que amó profundamente a su prójimo, ya sea que estuviera a favor o en contra de su enseñanza, alguien que jamás se basó en estatutos ni en exclusiones, alguien que amo a propios y extraños por igual, alguien que fue juzgado, maltratado y asesinado por los “buenos” de esa época. Yo reconozco que por más intentos que hago por dejar de amar a la humana, me descubro día a día, volviendo a caer. Podemos acomodarnos a lo conveniente, a mi zona de confort o podemos hacer un esfuerzo por ir más allá y tratar de ensanchar nuestra alma, al final depende sólo de nosotros elegir la manera en la que amamos.

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“El valor para callar”

En la vida, muchas veces se confunde, cuando hay que tener valor para hablar y cuando se requiere todavía más valor para callar. Es una elección compleja, sobre todo cuando las entrañas nos queman por decir algo, que nos corroe por dentro, al optar por no decirlo.

Me parece que no sólo es cuestión de valor, sino de inteligencia, para lograr discernir adecuadamente entre callar y dejar fluir un sentimiento que puede ser de rabia, de coraje; cuando es una necesidad el expresar lo que sentimos, sobre todo si la injusticia o la estupidez son las que reinan en una situación o momento determinado.

Sin embargo, no pueden ignorarse contextos y jerarquías… y es aún más delicado tener el valor para hablar, vencer el temor, dejar aflorar los argumentos, cuando uno se confronta a una persona cuya seguridad y respaldo deriva de una posición determinada. En esta circunstancia, un prejuicio, un desconocimiento de los hechos, una distorsión perceptiva, pueden ser tan difíciles de confrontar.

Cabe mencionar que además esas posiciones jerárquicas a veces se obtienen más por el azar que por el esfuerzo y en ese caso, es más usual que no exista en la persona que juzga, la templanza y el equilibrio que tiene la gente que lo ha logrado con el trabajo y se ha forjado en el crisol de la vida, atesorando la enseñanza que deja la vida laboral cotidiana.

En otros casos, aún cuando esa posición se ha ganado a base del esfuerzo, al carecer de sabiduría y humildad, se acumula amargura y se utiliza el poder inherente al estatus para descargar frustraciones, que son reflejo de la soberbia y un pobre entendimiento.

Frente a esa relativa desventaja ¿qué hacer?, ¿hablar y argumentar o callar? ¿Es cuestión de valor o de inteligencia? Por una parte se requiere audacia para arriesgar la propia posición, expresando una replica que puede generar ira en aquel que prejuzga injustamente.

Pero también se requiere de valor para callar cuando uno está harto de escuchar, de ver como desde un pedestal y con total ligereza se puede condenar algo o a alguien, de manera por demás injusta. Aquí es donde la inteligencia debe prevalecer, no por cuidar una posición, ni por “no arriesgar”, sino, por confiar en el bien, confiar en las leyes naturales de la vida…

Quizás no sólo sea cuestión de valor o de inteligencia, quizás se requieren las dos. Por eso no debemos prejuzgar una situación, por eso es tan importante observar; por eso lo más importante es tratar de comprender, desde múltiples ángulos. Si tenemos que emitir un juicio, no olvidemos un gran valor que nos va a ayudar siempre a comprender mejor, a sopesar adecuadamente una situación y seguramente a actuar de la mejor manera… ¡la humildad!

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“La lucha interna”

Cuentan que en una ocasión un viejo jefe de la tribu Cherokee enseñaba a los niños sobre las cosas de la vida, cuando de repente les dijo: Hay dentro de mí dos grandes lobos y libran una guerra terrible y quiero que noten que lo mismo ocurre en cada uno de ustedes, de hecho en cada ser humano.

Uno de los lobos representa el amor, el otro representa el miedo y están en guerra…

Los niños quedaron sorprendidos y durante unos minutos se quedaron sumidos en sus pensamientos, reflexionando sobre ello, denotando ansiedad y preocupación.

Hasta que uno de los niños preguntó al anciano: ¿sabes cual de los lobos ganará? El jefe respondió: ¡Ganará …aquel, al que tu alimentes más!

Es importante saber que eso es una realidad y que la elección está en cada uno de nosotros, que soy yo quién elige si quiero vivir y alimento más al lobo del amor o alimento más al lobo del miedo, la diferencia en nuestra vida va a ser enorme.

Si elegimos alimentar al amor, ello nos llevará a desarrollar nuestros sentimientos de la manera correcta, nos llevará a ser felices y disfrutar la vida a tope logrando lo que verdaderamente es vivir. Pero si caemos en las malas enseñanzas que hemos que vamos recolectando en nuestro paso por la vida y alimentamos al miedo, acabaremos sobreviviendo, sufriendo a través de todos los sentimientos negativos que derivan del miedo: el apego, el rencor, la culpa, los celos y cualquier otro sentimiento negativo.

Nuestros sentimientos derivan de nuestros pensamientos y estos pueden ser correctos y armónicos o por el otro lado, incorrectos y equivocados, pero es importante entender que soy yo y solamente yo, el responsable de lo que pienso y de lo que siento, que no importando el estímulo que yo reciba, al final del día, yo decido qué pensar y por ende que sentir, nadie más es responsable de esto.

Nos han enseñado a no tomar responsabilidad de nuestros sentimientos, ya que cuando por una acción de alguna persona o por cualquier situación, nos llega un estímulo,  inmediatamente responsabilizamos  a esa persona o situación, de lo que sentimos, lo cual es una equivocación, eso es una elección propia.

Además creemos que si alguien actúa mal con nosotros albergar un mal sentimiento en contra de esa persona, nos da cierta ganancia o le hace daño a esa persona, entonces lo vemos hasta como una cierta defensa nuestra, lo cual es un error, a la única persona que el rencor le hace daño es a aquel que lo siente.

Es bueno saber que el jefe Cherokee tiene razón y que de esa lucha interna que libran esos lobos dentro de nosotros, ganará aquel lobo, al que yo alimente más!.

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Auto-motivación

Cada día me impacta más que tantas personas se depriman… y no quisiera pensar en las múltiples causas que pueden provocar este malestar emocional… Pueden ser tantas los factores causales, al cual nuestro mundo actual llamado de la post-modernidad, nos somete para que esto suceda, que prefiero abordar el problema desde un punto de vista positivo y enfocarme en la medicina y no en la enfermedad.

Cuando pienso en un recurso ideal para resistir o superar la depresión, no puedo más que pensar en la motivación. Por definición y formación, trato de solucionar cualquier problema desde mi interior y eso me lleva de manera obligada a la auto-motivación.

Es un hecho que puede haber muchas formas de motivación, pero ninguna tan útil, tan real y tan efectiva como la auto-motivación. Sin duda, porque nadie nos podrá motivar mejor que nosotros mismos, nadie nos conoce mejor y nadie puede tener mejor control sobre una vida que él que la está viviendo. Sin embargo, lamentablemente, mucha gente no tiene claridad en relación con  esta verdad y se siente a expensas de las circunstancias y de las situaciones externas a su persona.

El punto es que como muchas cosas en ésta vida, la solución es interior y siempre que se piense equivocadamente que se está sujeto a causas externas, ya sean personas, cosas o situaciones, se pierde el verdadero poder, el ser causa para nosotros mismos. Pero como todo, esta vida es paradójica y lo cierto, es que muchas veces confundimos la sustancia con la forma o peor aún, la causa con el efecto. Cuesta mucho trabajo desaprender cosas o ir contra la lógica de pensamiento a partir de la cual nos hemos formado.

Lo grande del ser humano es que somos como una computadora poderosa y, compleja, pero tiene una gran ventaja, siendo auto-programable. Saber que todo está en nosotros y que no dependemos de nada ni de nadie externo para lograr cualquier objetivo que nos pongamos, es realmente motivador.

Por ello cuando caigamos en la tristeza en la des-motivación, en la apatía, debemos saber que nosotros podemos cambiar cualquier circunstancia en nuestra vida y que si algo no lográsemos cambiar, por lo menos está en nosotros determinar la manera y la perspectiva con la que queremos mirar la vida y cualquier circunstancia que la misma nos presente.

Es importante tomar en cuenta que los amigos siempre deben de jugar un papel de gran  importancia en el acompañamiento tanto en el momento de alegría y aún más en el de tristeza. Si nos descuidamos la misma puede derivar en la depresión, pero si bien nos pueden apoyar con ese pequeño empujón que nos de un rayo de luz, que nos de la fuerza necesaria para tomar vuelo y cambiar nuestro estado de ánimo, la decisión termina siendo nuestra y es sólo de dentro hacia afuera como se logra el objetivo.

Así que no esperemos que la motivación venga del exterior. Si bien hay cosas que suceden en la vida y que aparentemente no son causadas directamente por nosotros, no cedamos ese gran poder que tenemos en relación con nuestra vida, seamos dueños de nuestras acciones, definamos cómo queremos ver la vida y actuemos en consecuencia. Debemos de tener presente en todo momento que somos los dueños de nuestra actitud y de un poder causativo inmenso en nuestra vida que no debemos ceder, por ningún motivo.

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“Ponte la mascarilla”

Desde niños la historia, la religión y la ciencia ficción se han encargado de presentarnos a los héroes y a los mártires de una manera que nos luce por demás atractiva; con ello se nos ha inculcado de una manera u otra que hay que sacrificarse por los demás y que si uno ve por sí mismo es egoísta. ¡Nada más alejado de la realidad!

Recuerdo que la primera vez que reflexioné sobre las instrucciones que nos dan al abordar un avión, para cuando se des-presuriza la cabina, me llamó la atención que la instrucción, es muy clara, incluso tajante: “al caer la mascarilla, colóquela sobre nariz y boca y si va con una persona que requiera ayuda, ya sea por ser mayor de edad o un menor, primero colóquese usted su mascarilla y después preste ayuda a la otra persona”.

La instrucción no solamente es clara, es lógica y muy pragmática, ¿cómo voy a poder ayudar a alguien, si no estoy bien yo? Entenderlo es muy fácil, pero existe una gran diferencia entre entender y comprender. He aquí el punto de reflexión, ¿cómo hacer para des-aprender tantas cosas que nos han inculcado?, ¿cómo hacer para poder comprender, concientizar e incorporar un hábito nuevo?, que sea congruente y vaya más apegado con las leyes naturales de la vida, como es la Ley de Individualidad.

Hago ésta reflexión, ya que aún cuando entendemos una instrucción como ésta, la costumbre y la mala enseñanza que traemos tan arraigada, nos hace caer y nos jala hacia el otro lado, lo ejemplifico con una vivencia reciente:

Acabo de hacer un viaje a Los Ángeles con mis dos hijos pequeños, de 4 y 2 años respectivamente, como mi esposa se encontraba ya en LA, viajé sólo con los chicos, lo cual fue una odisea y me mantuvo con el stress y la preocupación de no descuidarme ni un segundo en el cuidado y la atención de mis hijos, pero cuando la sobrecargo explicaba las instrucciones y yo veía a mis hijos, imaginando que haría en el supuesto caso de que cayeran las mascarillas, en ese momento, me vino a la mente la necesidad de reflexión, ya que sería grande la tentación de hacerlo al revés, atendiendo primero a los pequeños.

Considero que debemos tomar ésta reflexión para extrapolarla a nuestra vida en todos los ámbitos y comprender que no podemos ofrecer lo mejor de nosotros, si no estamos bien, no podemos dar nada de calidad a los nuestros, si nosotros no estamos llenos para dar, que si somos felices nosotros, más fácil lo serán quienes nos rodean.

Para ello hay que amarnos y cuidarnos mucho a nosotros mismos, antes que a nadie, incluso que a nuestros propios hijos, ello no quiere decir que no los cuidemos y no nos hagamos responsables de ellos, hasta que, con nuestro apoyo logren su independencia, pero no será a través de la sobreprotección que lo harán, ni descuidando nuestra persona por anteponer los intereses de todos los demás.

Me parece que uno de los errores más grandes que cometemos en la vida, el vivir para otros y eso es algo muy común en la actual generación de padres. Es momento de reflexionar cómo estamos viviendo nuestras vidas y que sin culpas, ni remordimientos, comencemos a preocuparnos de nosotros mismos, de nuestro desarrollo y felicidad; en verdad te invito a reflexionar y a tomar una decisión: “Ponte la mascarilla”.

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Mi madre

Mi madre es un ser humano excepcional. No lo digo yo; lo avala la gente que la ha conocido a lo largo de su larga trayectoria.

Tiene casi noventa años, y conserva una lucidez que asombra. Quizá una de las cosas que más le admiro es esa aceptación natural de la vida: como si, a pesar de su cansancio, nos quisiera demostrar que hay que ser longevos, envejecer con dignidad y, además, estar de buen humor mi padre ya no la acompaña desde hace mucho tiempo: murió a los 61 años.

Aclaro que mi padre nunca se quiso ir. Su muerte, aunque resultado de una pesada y larga enfermedad, nos pilló desprevenidos a todos; ninguno de sus ocho hijos, que yo recuerde, pudo conversar con él sobre la muerte, y menos aún aceptar con plena conciencia tan incontrovertible hecho.

Él fue admirable; su gozo por la vida era increíble. Se requerirían innumerables artículos para describirlo. Pero hoy en estas líneas, estoy hablando sobre mi madre.

Con ella, al menos yo, platico abiertamente sobre esta transición llamada muerte. Específicamente, sobre la de ella. Hablamos de este
proceso de manera natural, y es un verdadero alivio poder hacerlo sin temor ni ataduras.

Ese ser maravilloso y lleno de sabiduría me ha enseñado mucho de la vida, tanto cosas elementales y sencillas como profundas y complejas. Filosofar con ella es una delicia; disfrutar su mirada, reírse con ella y gozar cualquier cosa, por simple que sea, lo es también.

Transcribo uno de sus pensamientos, al que nombró La Estatua:

“A veces pienso que somos como un gran bloque de mármol por el que pasan los años, como el viento, sin medrar en lo más mínimo sus definidas formas. Pero un día la vida, nos golpea con su poderoso cincel, moldeándonos y convirtiéndonos en una estatua maravillosa… Y nos damos cuenta de que lo que no hizo el tiempo lo hizo el dolor”.

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“Arizona es un desierto”

Hace algunas semanas tuve que ir a Arizona por motivo de una negociación. No obstante que es un sitio que me agrada mucho, había pensado que no visitaría Arizona como respuesta al repudio de la gobernadora por nuestros hermanos latinos.

Sin embargo, tratándose de un viaje de trabajo y siendo que yo no había elegido la sede de la negociación, realicé el viaje con gran curiosidad y con sentimientos encontrados.

Sin duda alguna, la experiencia fue enriquecedora. Lo primero que me llamó la atención, fue la manera en que se comportó el oficial americano de inmigración, un individuo de apariencia típica americana, el cual me trató con una cortesía francamente inusual en ellos, como si realmente tuviese una sincera preocupación por el turismo.

Quizás la inquietud reflejada derivaba de un temor a perder su empleo ante la clara disminución del flujo de turistas. Pero el hecho es que, el primer contacto con ésta “Nueva Arizona” resultaba francamente agradable… sin embargo, el encanto se esfumó de inmediato al llegar unos metros adelante con el representante de aduanas…

Generalmente los aduaneros son un poco más ligeros en su trato y en esas posiciones uno se encuentra con gente amable y rara vez con un petulante de ese calibre. El tipo prácticamente me arrebató mis documentos y comenzó a cuestionarme, en un tono desagradable, cada una de las preguntas que había respondido en el formato correspondiente.

Cuando llegó a la última pregunta referente a si traía conmigo más de diez mil dólares, mi paciencia se había agotado y cuidando mi respuesta para no tener un problema, le respondí con una sonrisa sarcástica: “Mire oficial, tuve que venir a una junta, pero no pienso gastar más de lo estrictamente indispensable en Arizona”. Con un gesto de desaire me hizo la señal de que siguiera mi camino y simplemente me alejé.

Debo aclarar que fue la única persona que me trató con descortesía y paradójica y desafortunadamente, sus rasgos eran claramente de origen latino. Al pensar en los conflictos internos que debe tener, verdaderamente me dio pena.

De ahí en adelante solo me encontré con gente amable y verdaderamente agradable, de cinco o seis taxistas, dos de ellos eran americanos y los otros eran servios y yugoeslavos, los cuales por azares del destino y por su aspecto sajón, no habían sido afectados.

Los americanos con los que tuvimos la oportunidad de comentar la situación política en cuestión, se expresaron en contra de la decisión… quizás por darnos una respuesta política, sin embargo, se sentía en ellos una inconformidad, debido a que el trabajo ha bajado considerablemente.

Lo peor fue cuando entablamos conversación con una señora mayor, originaria de México y que llevaba muchos años radicando en Arizona, quien nos relató a que grado la gobernadora ha hecho un daño inimaginable… La gente latina que tenía recursos se ha marchado a otros estados, otra cantidad importante de latinos fueron deportados y ella que solía tener un puesto de supervisora, mismo que había conseguido después de muchos años de esfuerzo, ahora se dedicaba a barrer.

En adición a esto, la señora dijo: “no creo que la gobernadora haya previsto esto, pero la ocupación en los hoteles ha bajado del noventa al veinte por ciento y ver así a Arizona es una verdadera pena”.

Yo asentí y lo único que se me ocurrió decirle fue:

“¡Señora, cuanta razón tiene usted, Arizona ahora, verdaderamente es un desierto!”

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“No le des tus margaritas a los cerdos”

Compartir es parte del desarrollo y del crecimiento personal; pero es, además, una de las cosas más bellas que existen en la vida.

De acuerdo con la escala del desarrollo por la que hay que transitar, para pertenecer de lleno al mundo del Ser es necesario haber recorrido previamente el Tener y el Saber.

De este desarrollo se deriva un concepto que reza de este modo.

“Nadie puede gozar lo que tiene si no lo comparte”. Respecto a esta idea, hay quien dice que los padres nos equivocamos al tratar de hacer que nuestros pequeños compartan cuando apenas están experimentando el Tener. Debemos dejarlos que pasen por la experiencia de negarse a compartir -argumentan- para que puedan entender a profundidad el sentido de poseer y, posteriormente, transiten por una etapa en la cual puedan compartir lo que tienen. En realidad, esto tiene cierta congruencia.

Con respecto al Saber, se dice que nadie puede gozar lo que sabe si no lo enseña o lo transmite. En ello estriba la gran satisfacción que tiene el magisterio. De hecho, no se requiere ser maestro para saborear la alegría de enseñar.

En lo personal, disfruto mucho cuando enseño, y más aún cuando he tenido que exponer algún tema, puesto que al final aprendo más yo al tratar de explicarlo que los que asisten a la ponencia. Me queda claro que la mejor manera de entender y procesar algo es haciendo el esfuerzo de explicarlo. Es una manera de estructurar las ideas, complementarlas y redondearlas que resulta invaluable y sumamente didáctica para el que enseña.

Todo ello va relacionado con el acto de compartir. Definitivamente, encuentro muy sano y muy positivo tener la capacidad de compartir y poder hacerlo en los distintos ámbitos (Tener, Saber y Ser), pero ello implica lograrlo con sabiduría.

Debe definirse con inteligencia qué se comparte y con quién, y hacerlo con mesura. Todo en la vida debe llevar una justa medida, ya que algo intrínsecamente bueno puede, eventualmente, tener un impacto negativo. Por ello, sin ir en contra de la transparencia, debemos ser cautos al compartir.

Mucha gente no es apta para recibir, así se trate de nuestros bienes, nuestro acervo cultural ó quizá algo más preciado aún: Nuestras confidencias.

Jesús bien dijo: “No les arrojes margaritas a los cerdos”; y considero valioso tener presente esta frase cargada de verdad y mucha sabiduría. Por ello, antes de entregar algo muy tuyo, no dudes en cuestionártelo cuantas veces sea necesario; dado que, incluso en un acto tan humano y noble como compartir, deben prevalecer la sabiduría y la dignidad.

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“Los Valores”

Analizando los elementos que nos impulsan a desarrollarnos en esta vida, me atrevería a afirmar, que parte importante de los mismos, son los valores. 

Nuestros valores son aquellos que nos movilizan desde el interior. Son personalísima energía que nos impulsa al desarrollo, esa materia prima fundamental que nos alimenta el alma.

Si tomamos en cuenta aquello que nosotros consideramos valores cómo la Lealtad, la Honestidad, la Empatía, el Respeto, la Justicia, la Solidaridad, la Tolerancia y en general, cualquier valor que a nosotros nos parezca de importancia, veremos que van ligados a esa energía que nos proyecta a hacer, a desarrollar, a crecer y a ser mejores individuos. 

Los Valores son esas guías que por convicción propia adoptamos y nos comprometemos a llevar, a alimentar, incluso a defender a ultranza, contra quien sea y como sea necesario, aunque pudiésemos, de por medio, estar arriesgando nuestra integridad. 

Y aunque muchos de los mismos son universales y trascienden nuestra individualidad, los personalizamos a través de la escala y la ponderación personal que le damos cada uno de nosotros y en el “cómo” los posicionamos en nuestro interior. 

Por ello se llegan a dar conflictos que a veces no comprendemos, porque se defienden cosas ó situaciones que para un individuo no juegan siquiera un papel relevante, pero para alguien más pueden ser vitales. 

En una ocasión en un curso de valores, se nos pidió juzgáramos jerarquizando en términos de culpa a los cinco actores de la historia hipotética. Cada persona que tomó el curso, determinó un orden distinto, basado en su escala de valores personal. 

Entonces los valores son algo que se elige. Sí bien con algunas influencias, resulta una decisión desde el interior de nuestra alma, que se exterioriza de muy distintas y personales formas, desde lo más profundo de nuestro ser… 

Los valores son al final del camino, aquello que elegimos, que definimos como bueno para nosotros, aquello con lo que nos comprometemos. 

José Luis Martín Descalzo nos decía que: “Se podía cambiar de camino, más no de alma”. Yo pienso que se refería a que los valores que vamos definiendo  van haciendo que nuestra alma se forje de determinada manera, en la que resulta relativamente sencillo cambiar de opinión, pero no de convicciones, eso es un tema más profundo. 

Jean Claude Genel dice que: “La persona que se convierte en lo que es verdaderamente, que se realiza, es un ser radiante” Y como no serlo, si lograr la realización a través de ser como hemos elegido, como queremos ser, es un gusto y un gozo que se refleja por sí sólo. 

Me parece que cuando percibimos la felicidad en alguna persona, se debe a que “es justamente como desea y ha elegido ser”.

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La Paradoja del Equilibrio

Todo en ésta vida requiere de equilibrio, mismo que la sabiduría popular  ha bautizado como: “El sabio término medio”.

 Lo paradójico es que al hablar de término medio, puede, en forma errónea, relacionarse o confundirse con mediocridad, siendo que en realidad se trata de todo lo contrario… posiblemente no hay nada más difícil de lograr que el equilibrio.

Recuerdo una reunión del alto nivel directivo de una empresa, al cual pertenecía. Se propuso un ejercicio que consistía en retroalimentarnos unos a otros, por lo que tuvimos que conformar equipos de seis personas y decirle a cada miembro del equipo, las cuatro virtudes que nos caracterizaban así como revelar el peor de nuestros defectos.

Para todos los participantes fue una sorpresa de gran impacto descubrir que en todos los casos y sin excepción alguna, nuestra mayor virtud, resultaba ser nuestro peor defecto al abusar de la misma y utilizarla en exceso.

Esta verdad me marcó, porque no importa que tanta habilidad y dones se nos hayan otorgado o hayamos desarrollado, si los usamos en forma excesiva, se convierten en debilidades.

Y lo mismo ocurre en cualquier ámbito de la vida… Por mencionar un ejemplo, es probablemente tan negativo no prestarle atención, como saturar de la misma a nuestros seres queridos. Bien dice el dicho “Ni todo el amor, ni todo el dinero”.

Tanto a la pareja, como a los hijos, hermanos, amigos, etcétera. En el caso de la pareja, si no le das la atención suficiente, la relación se desgasta y probablemente alguien más se la dará… pero atenciones en exceso y un interés desmedido son inadecuados, resultando, inclusive, tan malos como la carencia de atención misma.

La gente se pregunta si el amor se acaba… yo pienso más bien que sucede como bien lo dice una canción de Alberto Cortés: “El amor nunca se acaba, sólo cambia de lugar”. 

En el caso de los hijos si quieres educarles bien, es mejor que les prestes atención y les des los mejores ejemplos. Educar no es dar sermones y peroratas, es darles atención, cariño, límites y buenos ejemplos.

Volviendo a la importancia del equilibrio en la vida, considero se requiere profunda sabiduría y la sabiduría sólo se logra con cultura, entendimiento, experiencia y sentido común… Posiblemente un balance armónico involucra dos aspectos fundamentales: el equilibrio en sí de los distintos componentes que lo conforman y la mesura en la expresión de cada uno de los mismos.

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