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Gracias a la música

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Siempre he profesado admiración y respeto por los músicos y yo diría que me generan cierta envidia de la buena, ya que cuando los veo expresarse veo esa metamorfosis que se da en los seres que se logra quizás sólo través del arte y me parece que en la música, en especial.

 

Nunca he tocado bien un instrumento y aunque me dicen que no canto mal, tendría que tomar muchas clases de canto para poder aspirar a hacerlo medianamente bien.

 

Como todo en la vida también admiramos todo aquello de lo cual carecemos y recuerdo que en mi juventud, en alguna ocasión al tomar café con un buen amigo, de esos que hace uno en la adolescencia y con los que desvariamos tratando de descifrar la vida, pero también con los que abrimos el corazón y comentamos aquellas cosas que nos cuestionamos , que nos preocupan o que no entendemos o quisiéramos lograr y le decía a mi amigo Indalecio:

 

“Es que si yo cantara y tocara la guitarra como tu, no habría moza en el mundo que se me resistiera y él riendo me respondía:  “Pero pero mira que pavadas dices, uno de los tipos más populares  a causa del fútbol, quejándose. Por el contrario coño!, te digo que si yo jugara al fútbol como tu, otro gallo me cantara en términos de mi porcentaje de bateo con las niñas.

 

Hoy cuarenta años después cuando lo que importa no es conquistar muchachas y después de un buen rato recorrido, sigo profesando esa misma admiración y respeto por los músicos, sólo que ahora agrego un gran agradecimiento por lo que me ha dado la música al acompañarme a través de todo éste recorrido y por ello le dedico ésta reflexión.

 

Oscar Wilde decía que: El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y de los recuerdos   y vaya que sí. ¿En cuantos momentos hermosos de nuestra vida y quizás en algunos de los momentos más sublimes de nuestra existencia, la música nos ha multiplicado el gozo y la emoción, haciéndolos mágicamente inolvidables  y acuñándoles un sello para siempre?

 

Qué liga más extraordinaria y que infinito agradecimiento no tendré por el resto de mi vida al escuchar a Rachmaninoff  (la música de la película “Pídele al tiempo que vuelva” ) si una de las tardes más hermosas de mi vida, para ser específico, un 4 de Junio del 2005, con los pies descalzos en una bella playa del caribe mexicano tomaba tomaba una de las decisiones más importantes de mi vida, escuchando un violín que nos deleitaba con ello.

 

Cuando una idea me ronda en la cabeza y me siento a escribir escuchando música instrumental, todo se vuelve magia y conecto con el sentimiento y la inspiración, al grado de escribir con fluidez ideas que de otra manera me parece que sería imposible desarrollar.

 

Claro después al leerlas y percatarme que aún cuando hay ideas que pueden interesar, me perdí en el bosque de la imaginación,  vienen las consabidas correcciones y necesarias iteraciones para tratar de lograr expresar de manera clara las mismas, sobre todo en mi caso, que soy un escritor silvestre.

 

Pero lo importante es que esa conexión y ese trance que se logra con la música, dudo mucho que se pudiese lograr sin el apoyo de éste maravilloso arte.

 

Yo dudo que otro arte nos pueda llevar a la conexión mágica a la que nos conduce la música. Daniel Barenboim en su ensayo sobre la música “ El sonido de la vida”, lo manifiesta de la siguiente manera:

 

Escuchar música implica sentir para tratar de entender la narración musical.

Escuchar, pues, es sentir y pensar, más o menos en el mismo sentido en que el sentimiento es emoción y pensamiento.Cuando surge una emoción, ésta no necesariamente tiene que estar vinculada a un acontecimiento o una persona concreta, es la participación del intelecto que vincula la emoción a una serie de circunstancias concretas y genera así un sentimiento. Este mismo proceso se produce cuando escuchamos una pieza musical”.

 

Así la música se convierte en un deleite, en una compañera ideal en nuestra vida, una cómplice que nos inspira y nos motiva, que igual nos acompaña en un viaje, en un trayecto al trabajo o como a mi me sucede algo que se vuelve parte de nuestra vida, no sólo en momentos de fiesta, sino en momentos de gran productividad e inspiración.

 

Porque así como es difícil imaginarse una boda sin música, y no imagino a un chofer de esos que manejan largas distancias para transportar mercancias de un lugar a otro, sin la compañía de su música favorita, hay quien utiliza cierta música en un sepelio para darle el último adios a un ser querido; para mí escribir acompañado de buen música instrumental se ha vuelto una necesidad que disfruto me hace estar por siempre agradecido a la música  de los

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