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¿Cómo vas con tu sueño?

Todos tenemos sueños.  Todos tenemos, por lo menos, un sueño y generalmente es:  “Lo que queremos ser en la Vida” y tenemos todos, derecho a cumplirlo.

Cuando somos niños es común que digamos: «cuando sea grande, voy a ser tal o cual cosa». Aquél que se mantiene firme en su pensamiento y lo logra ¡bien por él!  Sin embargo, la mayoría de nosotros, por una causa o por otra, lo vamos modificando al cabo de los años y difícilmente mantenemos el mismo sueño que tuvimos de pequeños.

Cuando decidí dejar el fútbol a los 21 años, quería una vida mejor y más segura y seguí el patrón de la época, que era: consigue un trabajó en una empresa sólida y crece en ella para desarrollarte, al menos ése era el consejo de nuestros padres. 

A los 28 años puse un negocio que se desarrolló dentro de sus posibilidades y hoy continúa.  Me dediqué a desarrollarme dentro de las compañías de seguros y tuve lo que deseaba: desarrollo, reconocimiento y una vida estable, digamos, de muy buen nivel. 

Sin embargo, con el tiempo, no me resultó suficiente. Yo sentía que mi vida daba para más.  Tardé años en vencer el temor de soltar la liana y volar por mi cuenta.  Hace 4 años dejé de vender mi trabajo a una empresa y tomé la decisión de abandonar esa seguridad, para dedicarme por mi cuenta, a cosas que me agradan, pero sobre todo, con propósito.   

Afortunadamente sigo con una vida estable, sin el cheque mensual y las prestaciones.  Si comparo mi ingreso inestable de hoy con el que intercambiaba por mi libertad, es muy similar en cuanto a montos brutos, ya que a veces el actual es más alto y a veces no, pero sumando los cuatro años, me doy cuenta que cambié el miedo por la libertad, la aparente seguridad por la excitante flexibilidad, una rutinaria actividad de resolución de problemas dentro de un contexto específico por administrar mis tiempos dedicado a actividades a mi gusto, a mi ritmo, pero con la gran diferencia de que cada cosa que elijo hacer me alimenta interiormente.

En mi tiempo y en mi actividad ahora mando yo.  Yo construyo mi agenda y elijo el camino que tomo cada día, para «hacer cosas con propósito», ya sea que sean productivas para mí o que sean filantrópicas.  Lo más importante es que ahora, soy mucho más feliz. 

No tengo seguros el alpiste y agua en mi recipiente, pero tampoco tengo jaula y eso vale más que cualquier otra cosa.  Ahora vuelo en libertad, no solo para buscar alimento, sino para disfrutar el vuelo.

 

Hoy que acabo de cumplir 60 años, veo la vida diferente y no cambiaría mi libertad por nada del mundo. Me han endulzado el oído en varias ocasiones,  ofreciéndome posiciones a todas luces interesantes, pero lo que me ofrece la libertad de decidir qué hacer cada mañana, no tiene precio 

Por otro lado, tampoco me arrepiento de no haberlo hecho antes, porque todo, absolutamente todo es experiencia y aprendizaje. Tengo claro, que si no hubiera sido por temor, hubiera salido de la jaula mucho antes y definitivamente sé, estoy plenamente consciente que seguiré luchando día a día por soñar y cumplir mis sueños, pero volando en libertad.

Nadie experimenta en cabeza ajena; requerimos vivir las cosas poco a poco, para tomar el valor de enfrentar la vida a nuestra manera, no del modo que lo hemos venido haciendo “porque así fueron dándose las cosas”.

El actor Peter Dinlange, por muchos conocido como Tyrion Lannister, dio un discurso hermoso que puedes ver en la Web como “Fracasa mejor” o como “Dont wait” , en el que habla de que él espero mucho, pero que tomó la decisión de ir por su sueño a los 29 años. 

Todos requerimos definir y redefinir nuestro sueño una y otra vez y luchar por ello. Hay quien nunca vence el temor y habemos otros que nos tardamos nada más 34 años de nuestra vida profesional y llegar a la edad de 56 años para hacerlo. Benditos aquéllos que lo hacen pronto y benditos también los que se tardaron, no hay recetas, ni fórmulas, todo tiene su momento.

Es bueno estar en la realidad y trabajar fuerte para lograr ciertas metas.  Sin embargo, nunca debemos dejar de soñar, de definir claramente nuestros sueños y de luchar cada día, si no de manera directa, al menos con acciones que nos acerquen diariamente a ellos. 

El temor siempre estará presente, pero hay que cobrar valor para arrancar, no importa si tienes 20, 40 o incluso 60 años como yo. Si no es algo que traigas en el radar, te pregunto: ¿Te acuerdas de tus sueños de niño?¿son los mismos que tienes ahora?  Lo sean o no, seguramente tienes un sueño de lo que quieres ser y entonces te pregunto: ¿Cómo vas con eso? 

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    “Los Dos Papas” 

Querido lector, si no has visto la película “Los Dos Papas”, te la recomiendo, pero, no leas este artículo hasta que la veas, para no echártela a perder.

Ya que lo hayas hecho, quizás coincidas en algunos de mis comentarios o difieras de ellos. En cualquiera de los casos, me encantaría que me dieras tu opinión en el Blog www.carlos-molinar.com

Llevaba semanas con la idea de ver la película 

en Netflix, hasta que por fin pude hacerlo el pasado fin de semana y en verdad la disfruté mucho. 

Tengo ya muchos años de estar alejado de la iglesia católica como practicante, no así de la espiritualidad, ni de las enseñanzas de Jesucristo.

En alguna ocasión que escribí un tema relacionado con la iglesia que titulé “La  Iglesia en Manos de Lutero”, levanté una polvareda terrible, lo cual, no es mi intención repetir, pero sí quiero comentarles en este artículo algunos aspectos que me parecieron interesantes de la historia. 

Nunca se sabrá cómo es que sucedieron las cosas con exactitud, pero en lo personal, la manera como lo presenta el escritor  Anthony Mc Carten y el Director Fernando Meirelles me parece que encierra mensajes que nos pueden servir y hacernos reflexionar y la actuación de los artistas  Jonathan Pryce y Anthony Hopkins que encarnan a tan importantes personajes me pareció excelente.  

Quise verla, por la simpatía y admiración que siento por el Papa Francisco I. Me intrigaba también, ¿cómo plasmarían en ella, tan especial y trascendental situación como lo fue la renuncia del Papa Benedicto XVI y la relación entre él y su sucesor Francisco I ?. 

A reserva de que lo que se presenta pudo ser verdad o sólo la imaginación del Guionista y del director, ambos personajes los veo alineados a la imagen que tengo de ellos. 

La historia plantea los encuentros de dos personajes que son el agua y el aceite, pero que teniendo un mismo Amor (Jesucristo y la Iglesia Católica) tienen pensamientos tan divergentes que un inicio pareciera que van a ser francamente incompatibles. 

En cuanto al Papa Francisco I ( Jorge Bergoglio) en su calidad de Cardenal,  me gusta como lo describen, pues refleja la calidad de persona que tiene, su tesón, sencillez y su gran humanismo.

Por su parte al Papa Benedicto XVI ( Joseph Ratzinger) lo describen con esa fuerza que le caracteriza.  Una persona de una pieza que ha sido considerado el Guardian de la Fé, con una formación estricta y que siempre ha velado por defender las formas, tradiciones y las bases de la iglesia católica, una persona siempre enfocada en el “deber ser”.

Lo que me gusta de la historia es que plantea dichos encuentros entre ambos derivado de una intención del Cardenal Bergoglio de renunciar a su cargo con miras a retirarse a dirigir una pequeña parroquia de algún pueblo de su natal Argentina, y llega al Vaticano en la búsqueda de la necesaria aprobación del papa Benedicto XVI, para lograr su objetivo…. renunciar al Cardenalato. 

Por su parte el Benedicto XVI intuye dicha renuncia como un acto de rebeldía y de cierta protesta. Obviamente no quiere aceptar dicha renuncia porque piensa que va a ser una afectación para la Iglesia. 

El autor presenta unos supuestos primeros encuentros en los que claramente manifiestan las posiciones de ambos  en situaciones de clara controversia y el Cardenal es fuertemente cuestionado por el Papa. Eso los lleva a discusiones que son interesantes por la relevancia de los temas y la contraposición de pensamientos. 

Conforme se van dando dichos encuentros el autor me sugiere que el Papa Benedicto XVI -que en un principio no gusta nada del estilo del Cardenal Bergoglio-  va profundizando con él y tratando de entenderlo… lo que en principio, le cuesta trabajo por su manera de ser y va evaluando cosas que lleva meses tratando de descifrar.

Lo interesante es que el autor supone una situación en la que los intereses de ambos están encontrados y en esa lucha por obtener cada uno su objetivo, no solamente ahondan en su manera de pensar, sino que nos lleva a la conclusión de que ambos tienen una transformación de su pensamiento original y el resultado de una u otra forma es que ambos terminan por aceptar una realidad que no tenían planeada lo hacen por ese amor que tienen a Cristo y a su Iglesia. 

El autor también nos lleva a que ambos terminan apoyándose mutuamente en sus fuertes tribulaciones personales, a través de esas discusiones que terminan convirtiéndose de alguna manera en el sacramento de la confesión, que les permite descargarse uno con el otro. 

El autor presenta las tremendas guerras internas que tiene cada uno cuando inician esos encuentros  de la siguiente manera: 

Por lo que se refiere al Cardenal Bergoglio, sus remordimientos y la culpa que le generaba los cuestionamientos que siempre tuvo en la Argentina, por haber elegido no dar una pelea frontal a la Dictadura. 

En su visión, era la manera de salvar muchas vidas. Yo coincido y me parece que el tiempo le dio la razón. 

Hay una escena maravillosa en la que una vez pasada la terrible época de la dictadura, le toca al Cardenal Bergoglio celebrar  la misa, junto al sacerdote jesuita Francisco Jalics, quien había sido su segundo en la orden Jesuita y el cual había salvado la vida de milagro, ya que a la mayoría que mantuvieron esa postura los habían torturado y matado. 

Posteriormente se reconcilian y en plena misa al darse la paz se dan un abrazo maravilloso de perdón mutuo. Sin embargo hay otros de sus allegados que no corrieron con la misma suerte, jamás comprenden la postura inteligente del Cardenal en ese entonces y por ende jamás le perdonan.  

Por su parte las tribulaciones del Papá Benedicto XVI la presentan como un gran cuestionamiento que se hace a sí mismo referente a si hizo lo suficiente al tratar de poner orden en situaciones complejas y muy criticadas de la iglesia y por otra parte la gran duda que llevaba cargando por varios meses por sentir que no estaba  logrando el cambio que requería la Iglesia, a través del camino que pensaba. 

El tema es que se hace un guión y una película sobre un hecho insólito que llevaba varios siglos sin ocurrir y que nadie pensábamos que se pudiera dar. 

sin duda esto requirió de una decisión difícil y valiente del Papa Benedicto XVI y que conforme a las formas y procedimientos de la iglesia lleva al Cardenal Bergoglio a convertirse en Papa, cuando lo que él buscaba era alejarse de los reflectores y retirase a una pequeña parroquia. 

Si algo o nada de lo que plantea la película es verdad, difícilmente lo sabremos, sin embargo quiero quedarme con las partes positivas de la historia, mismas que siempre podrán ser una enseñanza de vida, claro, para aquel que lo quiera ver así. 

Pope Francis chats with retired Pope Benedict XVI at the retired pope's home at the Mater Ecclesiae monastery at the Vatican June 30. (CNS photo/L'Osservatore Romano) See SUMMER-POPES June 30, 2015.

Pope Francis chats with retired Pope Benedict XVI at the retired pope’s home at the Mater Ecclesiae monastery at the Vatican June 30. (CNS photo/L’Osservatore Romano) See SUMMER-POPES June 30, 2015.

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                              Hilvanado sueños”

 

 

Definitivamente estoy convencido que “los sueños no se hacen realidad”.  Somos nosotros los que los vamos tejiendo, hilvanando… poco a poco les vamos dando forma. Sí, para mí es una realidad.

 

Alguien dijo una vez: “los adolescentes de hoy piensan que la vaca da leche y les tengo una mala noticia, las vacas no dan leche”.

 

Posteriormente, aclaró:  “Si el granjero no se levanta a las 4 de la mañana a preparar todo para que finalmente después de unas horas de arduo trabajo, pueda sentarse en su banquito a ordeñar a la vaca ¡desde luego que no habrá leche!

 

Existe un proceso que vale la pena conocer, en la materialización de los sueños.

 

Los sueños se vislumbran, se tienen, se disfrutan y luego vienen varios pasos importantísimos en el proceso, en los que cada quien decide si se archiva manteniéndose como un sueño más o se trabaja en él, para ir hilvanando poco a poco ese sueño en la realidad, hasta que después de muchos pasos, en los que reiteradamente aparecen las dudas, el temor, la indecisión y muchos otros factores, se van tomando decisiones en esa dicotomía, ya sea para archivarlo o seguir adelante con su realización.

 

Si decidimos seguir adelante, un día aparece frente a nosotros, materializado, hermoso y real.

 

Si miramos hacia atrás, veremos como nació, como se fue gestando y como fuimos avanzando paso a paso. Incluso podremos distinguir los momentos de verdad en los que lo pudimos haber abandonado. Sin embargo, seguimos adelante tomando decisiones difíciles y, muchas veces, valientes, para que algún día, dejara de ser sueño y se cristalizara.

 

Es un proceso maravilloso. Los sueños no se hacen realidad ¡los hacemos realidad nosotros!

 

Elige muy bien tus sueños y trabaja fuerte en ellos; decide en cada paso del proceso si lo archivas, lo mantienes como tal o si decides trabajarlo, e hilvanarlo paso a paso, para hacerlo realidad.

 

¡Tú tienes la batuta! Tu decides porque, por supuesto… ¡son tus sueños!

 

 

“Tu mayor aventura es vivir la vida de tus sueños”.

                     

                                               Oprah Winfrey

Living with your Baggage Packed

Some years ago, I took a Human Development course, where they shared life lessons that posed different types of paradigms than those we are used to.

One of those concepts made an impact on me and that was the one that referred to the process through which suffering is generated. Simply put, we can say that suffering originates or comes about due to a person’s attachment to people and things.

While reflecting on this issue, I remembered a story in which a person goes in search of a Guru (Spiritual teacher) so as to obtain knowledge about life, for this person was famous for his wisdom and was praised by many because of this.

He inquired where the Guru lived and after a long journey, he found a lonesome road that seemed to lead nowhere. He was surprised to find a small country house consisting of only one room, but he was even more surprised when the person inhabiting the small house kindly invited him in. Inside, there were only a few plain pieces of furniture, such as a small bed, a chair, a table and on top of it a candle and a notebook.

He couldn’t hide his surprise when he realized that this man with such great wisdom and fame lived in such a simple manner. In his mind he had imagined this man living in a big house with many books and belongings. He then started the following dialogue:

Person:​Really? Do you live here?

Guru:​​Yes

Person:​But where are all your belongings?

Guru:​​And where are yours?

Person:​I’m just passing through

Guru:​​So am I

It seems to me that human beings have an imbedded need to feel secure, to have, to belong.

They need to feel they belong to a certain place, a family, a community, making it hard to imagine themselves otherwise. However, we should be aware that in this lifetime nothing is permanent, and that the only constant is change.

There is a phrase that I like very much and that I used many times while delivering conferences in the corporate world. Whenever I had the opportunity to talk to people whom I felt were too attached to their position inside the firm, I would use my phrase “We should learn how to always live with our baggage packed”. With that being said, I tried to explain to them that even though it is fine to be passionate about your work, and to put the company´s colors, we cannot set aside the fact that there are a thousand variables that can topple your current reality.

Probably, it is more suitable to see life not as something that never changes but rather as something that is temporary.

It is better to know that we’re just passing by so as to avoid getting attached, striving not to hold on to anything, therefore allowing us to enjoy life, instead of storing up on things, setting aside our joy for later.

Nothing is permanent, not even us!

Vivir con las maletas hechas …

Hace algunos años tomé un curso de desarrollo humano, en el que se compartían enseñanzas de vida, que planteaban paradigmas diferentes a los que estamos acostumbrados. Uno de esos conceptos me impactó y se refería al proceso a través del cual se genera el sufrimiento.

Para explicarlo de una manera sencilla basta decir que el sufrimiento se origina comúnmente por el apego a las personas o a las cosas.

Reflexionando un poco sobre el tema, recordé una historia en la que un individuo se va en busca de un Gurú (Maestro) para tratar de obtener conocimiento de vida, dado que mucha gente hablaba de la sabiduría de dicho personaje.

Después de un largo viaje y de preguntar por la casa donde vivía, al final de una vereda poco transitada y que no parecía llevar a algún poblado o ciudad, se sorprendió al encontrar una pequeña y rústica construcción, que constaba de una sola habitación y se sorprendió aún más cuando dicho individuo amablemente lo recibe y al hacerlo pasar, se percata de que en el interior no había más que mobiliario sencillo que constaba de una pequeña cama, una silla, una mesa, una vela y una libreta de apuntes.

Sin poder ocultar su sorpresa por el hecho de que un individuo con tal sabiduría viviera de una manera tan sencilla, ya que se hubiese imaginado que tendría por vivienda un lugar con muchos libros y que además contaría con muchas pertenencias.

Inició de manera natural el siguiente dialogo:

Persona:​¿Cómo? ¿Tu vives aquí?
Gurú:​​Sí.
Persona:​Pero, ¿dónde están tus cosas?.
Gurú:​​¿Y dónde están las tuyas?
Persona:​Es que yo estoy de paso.
Gurú:​​Yo también.

Me parece que el ser humano tiene una muy arraigada necesidad de seguridad, de poseer y de pertenecer.

De pertenecer a un lugar, a una familia, a una comunidad y que es difícil imaginarse sin ningún vínculo de esta naturaleza. Sin embargo, más nos valdría hacer consciencia de que en esta vida no hay nada permanente y que la única constante es el cambio.

Hay una frase que me gusta mucho y solía utilizar en el mundo corporativo, cuando hablaba con gente que me tocó dirigir y que en mi opinión, las sentía demasiado aferradas a la posición que ocupaban en la empresa. Dicha frase reza: «Debemos aprender a vivir con las maletas hechas». Con ello, yo intentaba explicar a la gente que si bien hay que ponerse la camiseta de la empresa para la que se trabaja y entregarse con pasión a la tarea, no podemos dejar de ver que existen mil y un imponderables que pueden dar un vuelco a la situación actual.

Es posiblemente más congruente ver la vida, no como un estado inmutable y tratar de vivir conscientes de que todo es temporal.

Es mejor saber que estamos de paso y evitar el apego, aspirando a no aferrarnos a nada. Esto nos llevará a disfrutar, en vez de medir o atesorar, posponiendo el gozo para después.

Nada es permanente. Nosotros incluso, en este plano de la vida, ¡somos temporales!

«Vivir con las maletas hechas»

«Vivir con las maletas hechas»
Hace algunos años tomé un curso de desarrollo humano, en el que se compartían enseñanzas de vida, que planteaban paradigmas diferentes a los que estamos acostumbrados, uno de esos conceptos me impactó y se refería al proceso a través del cual se genera el sufrimiento.

Para explicarlo de una manera sencilla basta decir que el sufrimiento se origina comúnmente por el apego a las personas o las cosas

Reflexionando un poco sobre el tema, recordé una historia en la que un individuo que se va en busca de un Gurú (Maestro) para tratar de obtener conocimiento de vida, dado que mucha gente hablaba de la sabiduría de dicho personaje.

Después de un largo viaje y de preguntar por la casa donde vivía, al final de una vereda poco transitada y que no parecía llevar a algún poblado o ciudad, se sorprendió al encontrar una pequeña y rústica construcción, que constaba de una sola habitación y se sorprendió aún más cuando dicho individuo amablemente lo recibe y al hacerlo pasar, se percata de que en el interior no había más que un mobiliario sencillo que constaba de una pequeña cama, una silla , una mesa, una vela y una libreta de apuntes.

Sin poder ocultar su sorpresa por el hecho de que un individuo que contaba con tal sabiduría viviera de una manera tan sencilla, ya que se hubiese imaginado que tendría por vivienda un lugar con muchos libros y que además contaría con muchas pertenencias. Inició de manera natural el siguiente dialogo:

¿Cómo? ¿Tu vives aquí?
El Gurú: Sí.
Pero, ¿donde están tus cosas?.
El Gurú: ¿Y donde están las tuyas?
Es que yo estoy de paso.
El Gurú: Yo también.

Me parece que el ser humano tiene muy arraigada una necesidad de seguridad, de poseer y de pertenecer.

De pertenecer a un lugar, a una familia, a una comunidad y que es difícil imaginarse sin ningún vínculo de ésta naturaleza. Sin embargo más nos valdría hacer consciencia de que en ésta vida no hay nada permanente y que la única constante es el cambio.

A mí hay una frase que me gusta mucho y solía utilizar en el mundo corporativo, cuando hablaba con gente que me tocó dirigir y que en mi opinión, las sentía demasiado aferradas a la posición que ocupaban en la empresa. Dicha frase reza: «Debemos aprender a vivir con las maletas hechas»

Con ello, yo intentaba explicar a la gente que si bien hay que ponerse la camiseta de la empresa para la que se trabaja y entregarse con pasión a la tarea, no podemos dejar de ver que existen mil y un imponderables que pueden dar un vuelco a la situación actual.

Es posiblemente más congruente ver la vida, no como un estado inmutable y tratar de vivir conscientes de que todo es temporal.

Es mejor saber que estamos de paso y evitar el apego, aspirando a no aferrarnos a nada. Lo cual, nos llevará a disfrutar, en vez de medir o atesorar, posponiendo el gozo para después.

Nada es permanente. Nosotros incluso, en éste plano de la vida, somos temporales!


¿Cómo vas con tu sueño?
Todos tenemos sueños. Todos tenemos, por lo menos, un sueño y generalmente es: “Lo que queremos ser en la Vida” y tenemos todos, derecho a cumplirlo.

Cuando somos niños es común que digamos: «cuando sea grande, voy a ser tal o cual cosa». Aquél que se mantiene firme en su pensamiento y lo logra ¡bien por él! Sin embargo, la mayoría de nosotros, por una causa o por otra, lo vamos modificando al cabo de los años y difícilmente mantenemos el mismo sueño que tuvimos de pequeños.
Cuando decidí dejar el fútbol a los 21 años, quería una vida mejor y más segura y seguí el patrón de la época, que era: consigue un trabajó en una empresa sólida y crece en ella para desarrollarte, al menos ése era el consejo de nuestros padres.

A los 28 años puse un negocio que se desarrolló dentro de sus posibilidades y hoy continúa. Me dediqué a desarrollarme dentro de las compañías de seguros y tuve lo que deseaba: desarrollo, reconocimiento y una vida estable, digamos, de muy buen nivel.

Sin embargo, con el tiempo, no me resultó suficiente. Yo sentía que mi vida daba para más. Tardé años en vencer el temor de soltar la liana y volar por mi cuenta. Hace 4 años dejé de vender mi trabajo a una empresa y tomé la decisión de abandonar esa seguridad, para dedicarme por mi cuenta, a cosas que me agradan, pero sobre todo, con propósito.
Afortunadamente sigo con una vida estable, sin el cheque mensual y las prestaciones. Si comparo mi ingreso inestable de hoy con el que intercambiaba por mi libertad, es muy similar en cuanto a montos brutos, ya que a veces el actual es más alto y a veces no, pero sumando los cuatro años, me doy cuenta que cambié el miedo por la libertad, la aparente seguridad por la excitante flexibilidad, una rutinaria actividad de resolución de problemas dentro de un contexto específico por administrar mis tiempos dedicado a actividades a mi gusto, a mi ritmo, pero con la gran diferencia de que cada cosa que elijo hacer me alimenta interiormente.

En mi tiempo y en mi actividad ahora mando yo. Yo construyo mi agenda y elijo el camino que tomo cada día, para «hacer cosas con propósito», ya sea que sean productivas para mí o que sean filantrópicas. Lo más importante es que ahora, soy mucho más feliz.

No tengo seguros el alpiste y agua en mi recipiente, pero tampoco tengo jaula y eso vale más que cualquier otra cosa. Ahora vuelo en libertad, no solo para buscar alimento, sino para disfrutar el vuelo.

Hoy que acabo de cumplir 60 años, veo la vida diferente y no cambiaría mi libertad por nada del mundo. Me han endulzado el oído en varias ocasiones, ofreciéndome posiciones a todas luces interesantes, pero lo que me ofrece la libertad de decidir qué hacer cada mañana, no tiene precio

Por otro lado, tampoco me arrepiento de no haberlo hecho antes, porque todo, absolutamente todo es experiencia y aprendizaje. Tengo claro, que si no hubiera sido por temor, hubiera salido de la jaula mucho antes y definitivamente sé, estoy plenamente consciente que seguiré luchando día a día por soñar y cumplir mis sueños, pero volando en libertad.

Nadie experimenta en cabeza ajena; requerimos vivir las cosas poco a poco, para tomar el valor de enfrentar la vida a nuestra manera, no del modo que lo hemos venido haciendo “porque así fueron dándose las cosas”.

El actor Peter Dinlange, por muchos conocido como Tyrion Lannister, dio un discurso hermoso que puedes ver en la Web como “Fracasa mejor” o como “Dont wait” , en el que habla de que él espero mucho, pero que tomó la decisión de ir por su sueño a los 29 años.

Todos requerimos definir y redefinir nuestro sueño una y otra vez y luchar por ello. Hay quien nunca vence el temor y habemos otros que nos tardamos nada más 34 años de nuestra vida profesional y llegar a la edad de 56 años para hacerlo. Benditos aquéllos que lo hacen pronto y benditos también los que se tardaron, no hay recetas, ni fórmulas, todo tiene su momento.

Es bueno estar en la realidad y trabajar fuerte para lograr ciertas metas. Sin embargo, nunca debemos dejar de soñar, de definir claramente nuestros sueños y de luchar cada día, si no de manera directa, al menos con acciones que nos acerquen diariamente a ellos.

El temor siempre estará presente, pero hay que cobrar valor para arrancar, no importa si tienes 20, 40 o incluso 60 años como yo. Si no es algo que traigas en el radar, te pregunto: ¿Te acuerdas de tus sueños de niño?¿son los mismos que tienes ahora? Lo sean o no, seguramente tienes un sueño de lo que quieres ser y entonces te pregunto: ¿Cómo vas con eso?

¿Que mató a la rana?

 

img_4978Hace unos días leí en una reflexión que llamó poderosamente mi atención. Hablaba sobre la muerte de una rana.

El artículo decía que las ranas no son de los animales mas listos dentro de la fauna que puebla la naturaleza, y como todos los animales que están en la parte baja de la cadena alimenticia, tienen muchos depredadores acechándoles, han desarrollado un avispado instinto de supervivencia.
No obstante, resulta curioso comprobar que si echas una rana a una cazuela con agua ardiendo, ésta salta inmediatamente para intentar salir lo más rápido que pueda y con los menores daños posibles.

En cambio, si la echas en una cazuela con agua templada, la rana no salta sino que se acomoda en el fondo de la cazuela y se queda allí.

Si pones la cazuela a fuego lento y el agua se va calentando, la rana no se mueve, si no que se va aclimatando y se queda tranquila,

La rana tiene la habilidad de ajustar su temperatura corporal. Por eso, cuando se va calentando el agua ella simplemente hace ajustes a su temperatura, y se mantiene ajustándola conforme va aumentando la temperatura del agua.

Justo cuando el agua está a punto de alcanzar el punto de ebullición, la rana, decide saltar, porque ya no puede atemperarse más, pero ahora ya es incapaz de hacerlo porque ha perdido toda su fuerza adaptando su temperatura corporal.

Muy pronto la rana muere.

La gran pregunta es: ¿Qué mató a la rana?

Mucha gente dirá:  “A la rana la mató el agua hirviendo.” Me parece que no es así. Lo que realmente mató a la rana fue su propia incapacidad para decidir cuándo saltar.

Hay momentos en los que necesitamos hacer frente a la situación y tomar las acciones apropiadas antes de estar incapacitados para saltar.

No deja de ser alarmante la similitud que existe entre esta situación y la que sufrimos muchos seres humanos en muchas y diversas situaciones.

Es vital que no nos pase lo que la rana… aclimatándonos hasta el punto de que cuando decidimos saltar, ya es imposible.

¡Decidamos cuándo saltar!

Si permitimos que la gente nos explote física, emocional, financiera, espiritual o mentalmente continuarán haciéndolo. Podríamos poner miles de ejemplos de ello.

Simplemente como ciudadanos, todos los capitalinos estamos hartos del abuso del gobernador, pero seguimos aclimatándonos a que nos suban y suban la temperatura del agua.

Todos sabemos (científicamente comprobado por diversas fuentes autorizadas) que el parque vehicular en su totalidad no llega al 20% como causa de la contaminación.

Decretar un “no circula”, no alcanza a resolver el 4% y un “doble no circula”, no resuelve ni el 8% de la contaminación.  Lo cual indica que prohibiendo la circulación del 40% de los vehículos, quedará por resolver el 92% de la contaminación. Sin contar con que los vehículos que más contaminan son los públicos.

Esa simple medida a mí en lo personal me afecta en mis negocios proporcionalmente a la reducción que hacen de los vehículos, es decir, un “no circula” me afecta el 20% de mis ingresos y, un “doble no circula”, el 40%.

Me pregunto ¿a cuántos más no afecta de la misma manera?  ¿Estará consciente este individuo que está matando la de por sí deprimida economía de la Ciudad de México?

Pero eso sí vemos bloqueos absurdos, obras abandonas y mal organizadas, pésima coordinación de semáforos, marchas autorizadas o al menos toleradas sin la mínima reacción de la autoridad, foto-multas ilógicas, un nuevo reglamento de tránsito pésimamente mal planeado o incluso me atrevo a decir malintencionadamente mal planeado… y nosotros, los ciudadanos, seguimos como la rana, aclimatándonos al son que nos toquen según los antojos o intereses del gobernador.

Nos prometió el presidente reducir substancialmente el numero de congresistas y a cambio sólo vemos gente incapaz de irse a dormir al congreso y levantar la mano como borregos por lo que les diga su partido, ya sea concertado entre todos los partidos o no, como por ejemplo cuando rechazaron aprobar la ley anticorrupción (Ley 3 de 3).
Esto nos ocurre porque los ciudadanos nos hemos acostumbrado al agua tibia y no ponemos un alto cuando cuando nos van subiendo la temperatura del agua.

No se trata de conseguir un poco de agua fría para echarle a la cacerola, comprando un auto más en el ejemplo del no circula y no se trata solamente de quejarnos del abuso, se trata de saltar a tiempo. Antes de que sea demasiado tarde.

Esto nos pasa en lo personal y en lo colectivo. Nuestro sistema nervioso colectivo es como el de la rana. A veces necesitamos una sacudida repentina antes de cobrar consciencia del peligro.

Es propio de la naturaleza humana tardar en entender todos los hechos.
Pero llega el momento de la verdad y es cuando hay que reaccionar.

Saltemos mientras tengamos la fuerza. Tenemos que estar conscientes de que:

“Nadie va a saltar por nosotros”

Carlos Molinar

«Soltar el vaso y viajar ligero»

 

Hay un dicho de la sabiduría popular que dice que: » Nadie sabe lo que pesa el saco, más que aquel que lo va cargando. A mi, me parece que ese dicho encierra una gran verdad. Yo diría que habría que agregarle algo: » y no sólo sabe lo que pesa, sino cuánto tiempo lleva cargándolo.

Por eso es difícil juzgar. Porque, por buena información que se tenga sobre determinada situación, siempre habrá cosas que no conozcamos y que hacen muy difícil verter una opinión subjetiva que además contemple casi todas las aristas que algo conlleva.

El peso específico es un problema serio, por donde quiera que se vea, pero siempre hay otros factores que influyen y que no son considerados cuando se juzga determinada situación.

Una Psicóloga en una sesión grupal, levantó un vaso de agua. Todos los participantes esperaban la pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío?, sin embargo ella preguntó: ¿Cuánto pesa este vaso?

Las respuestas variaron entre 200 gramos y 400 gramos. La psicóloga respondió: «El peso absoluto del vaso no es lo más importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo un minuto, no es problema, si lo sostengo una hora me dolerá el brazo, pero si lo sostengo durante todo el día, el brazo se me entumecerá y se paralizará. El peso del vaso no cambia, pero mientras más tiempo lo sujeto más pesado se vuelve. Y continuó, las preocupaciones, son como el vaso de agua, si piensas en ellas un rato no es un problema, si piensas en ellas más tiempo, empieza a doler, pero si piensas en ellas todo el día, terminarás paralizado e incapaz de hacer nada. «Acuérdate de soltar el vaso».

En esta vida todos tenemos más o menos preocupaciones, pero tenemos que acostumbrarnos a «soltar el vaso».

Si hacemos la analogía con el equipaje que llevamos a un viaje, nos ejemplifica de manera muy clara como vamos por la vida cargando un sin fin de cosas que no vamos a necesitar para ese viaje y además de todo viajamos con los brazos entumidos, paralizados y llenos de dolor cargando vasos que no necesitamos y que no nos dejan vivir.

Si queremos ser felices, tenemos que viajar ligero por la vida. Tenemos que «liberarnos» de tantos vasos que llevamos cargando por mucho tiempo inútilmente.

Yo pienso que algo que nos puede dar una ligera idea de cómo nos afectan algunas cosas que quizás no nos deben incumbir o que ya no necesitamos para nada, se refleja en ciertos malos sueños que tenemos. Hay veces que me despierto de un mal sueño, en el que se reflejan cosas que me preocuparon en el pasado y que ya no tienen importancia en mi vida actual y aunque se tratara de algo que nos atañe actualmente, la solución a ello no es preocuparse.

Cuando yo me despierto con una preocupación de un problema actual, lo que trato de hacer es analizarla y tratar de resolverla de la manera más práctica que puedo, si es que puedo resolverla, porque muchas veces no está en nuestras manos llevar a cabo ciertas acciones para resolver algo.

Es terrible si pensamos en el peso específico de ciertas preocupaciones y como se multiplica conforme pasa el tiempo y las seguimos cargando. Por lo que en mi opinión debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para resolver algo que nos afecta, sin preocuparnos de que las cosas salgan de determinada manera. A eso llamo yo «confiar en la vida, confiar en el bien», aunque a veces me sorprendo al descubrirme cargando vasos que ni siquiera son míos.

Así que ojalá entendamos que de nada sirve ir por la vida cargando un vaso que sólo terminará por entumecernos, paralizarnos y dolernos sin sentido. Ocupémonos en lo que esté en nosotros resolver y despreocupémonos de todas las cosas, dejando que la vida haga su papel y el resultado seguramente será el mejor que podía resultar y en adición, al menos nosotros, no viviremos entumidos, viviremos sin dolor, viajando por la vida ligeros de equipaje.

Homenaje a Eduardo Galeano

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 Homenaje a Eduardo Galeano
 
Uno de mis autores favoritos es Eduardo Galeano, pensador y escritor uruguayo, censurado por las dictaduras de Uruguay, Argentina y Chile. Si me preguntaran ¿Cómo definiría a Eduardo Galeano?, lo primero que se me ocurre es decir que no sería sencillo hacerlo. 
 
Hay muchos adjetivos que le van tan bien. Él, es simplemente como es, valiente, transparente, profundo, agudo, denunciante, rebelde ante un mundo que tiene tanto por mejorar.
 
Hoy he decidido a manera de homenaje hacer una entrevista ficticia, lo cual es totalmente irreverente, dado que yo, soy sólo un escritor silvestre que le admira, pero me tomaré el atrevimiento para hacerlo, con la única intención de darles a conocer a los lectores algunas de sus frases, que en caso de que ya las conozcan, me atrevo a decir, que son tan buenas, tan reales, tan profundas y agudas que vale la pena releerlas.
 
Aclaro entonces después de disculparme con ustedes y con el mismo Galeano, que mis preguntas son sólo un intento por acomodar cierta lógica a sus respuestas (las cuales son todas, frases auténticas de Galeano). 
 
Sin embargo estoy seguro que si esta entrevista ficticia, fuese verdadera, sus respuestas quizás serían diferentes y mucho más agudas, mismas que probablemente nos llevarían a otras reflexiones.
 
Así que así, sin más ni más inicio esta entrevista inventada por mí, pero con respuestas reales de Galeano:
 
¿Cómo se definiría a sí mismo? 
 «Soy un loco que sueña un mundo sin militares. Soy un loco enamorado de la vida”.
«Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable”
 
¿Para quién escribe usted?
«Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, que no saben leer o no tienen con qué».
 
Entonces ¿no es usted un escritor de un determinado género?
«Por suerte creo que estoy fuera de los géneros. Y eso es el resultado de muchos años de trabajo en que fui descubriendo que lo mío era una síntesis de diferentes géneros. Una tentativa de síntesis para recuperar la unidad perdida del lenguaje humano».
 
 ¿Por qué ser rebelde? 
 «Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo».
«Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común”.
 
¿Cree en la libertad? 
«Quien no está preso en la necesidad, está preso del miedo: Unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”.
 
¿Cree usted que el miedo es una constante de nuestro tiempo?
«Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados»
 
¿Qué opina del hombre moderno y de la influencia de la tecnología en su desarrollo individual?
«Al Norte y al Sur, al Este y al Oeste, el hombre serrucha la rama donde está sentado”
“La Cibercomunidad naciente encuentra refugio en la realidad virtual, mientras las ciudades tienden a convertirse en inmensos desiertos llenos de gente, donde cada cual vela por su santo y está cada cual metido en su propia burbuja”
 
¿Podremos realmente cambiar? 
«Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de dioses, pero la verdad trabaja, como un desafío candente, sobre las conciencias de los hombres”.
«El destino no está escrito, lo escribimos nosotros todos los días, todo el día».
 
¿Entonces hay esperanza de que este mundo cambie para mejor?
«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”
«Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizás desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.
 
¿Qué tan importante es la acción? 
«Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.
 
¿Habrá entonces que perseguir nuestros ideales por más utópicos que parezcan?
«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos y el horizonte se corre dos pasos, camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».
 

   Para mi sería un privilegio poder hacer una charla de café con Eduardo Galeano, y preguntarle tantas cosas, quizá algún día tenga la oportunidad de hacerlo, mientras tanto me quedo con mis preguntas inventadas y sus respuestas reales. Les recomiendo no sólo leerlo, sino escucharlo, porque para aquellos que nos gusta cuestionarnos cosas , sin duda alguna Galeano es de esos autores que nos aclara muchas cosas o mejor aún, que nos hace cuestionarnos a nosotros mismos y a nuestros paradigmas.

 

Galeano

 
Uno de mis autores favoritos es Eduardo Galeano, pensador y escritor uruguayo, censurado por las dictaduras de Uruguay, Argentina y Chile. Si me preguntaran ¿Cómo definiría a Eduardo Galeano?, lo primero que se me ocurre es decir que no sería sencillo hacerlo. 
 
Hay muchos adjetivos que le van tan bien. Él, es simplemente como es, valiente, transparente, profundo, agudo, denunciante, rebelde ante un mundo que tiene tanto por mejorar.
 
Hoy he decidido a manera de homenaje hacer una entrevista ficticia, lo cual es totalmente irreverente, dado que yo, soy sólo un escritor silvestre que le admira, pero me tomaré el atrevimiento para hacerlo, con la única intención de darles a conocer a los lectores algunas de sus frases, que en caso de que ya las conozcan, me atrevo a decir, que son tan buenas, tan reales, tan profundas y agudas que vale la pena releerlas.
 
Aclaro entonces después de disculparme con ustedes y con el mismo Galeano, que mis preguntas son sólo un intento por acomodar cierta lógica a sus respuestas (las cuales son todas, frases auténticas de Galeano). 
 
Sin embargo estoy seguro que si esta entrevista ficticia, fuese verdadera, sus respuestas quizás serían diferentes y mucho más agudas, mismas que probablemente nos llevarían a otras reflexiones.
 
Así que así, sin más ni más inicio esta entrevista inventada por mí, pero con respuestas reales de Galeano:
 
¿Cómo se definiría a sí mismo? 
 «Soy un loco que sueña un mundo sin militares. Soy un loco enamorado de la vida”.
«Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable”
 
¿Para quién escribe usted?
«Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, que no saben leer o no tienen con qué».
 
Entonces ¿no es usted un escritor de un determinado género?
«Por suerte creo que estoy fuera de los géneros. Y eso es el resultado de muchos años de trabajo en que fui descubriendo que lo mío era una síntesis de diferentes géneros. Una tentativa de síntesis para recuperar la unidad perdida del lenguaje humano».
 
 ¿Por qué ser rebelde? 
 «Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo».
«Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común”.
 
¿Cree en la libertad? 
«Quien no está preso en la necesidad, está preso del miedo: Unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”.
 
¿Cree usted que el miedo es una constante de nuestro tiempo?
«Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados»
 
¿Qué opina del hombre moderno y de la influencia de la tecnología en su desarrollo individual?
«Al Norte y al Sur, al Este y al Oeste, el hombre serrucha la rama donde está sentado”
“La Cibercomunidad naciente encuentra refugio en la realidad virtual, mientras las ciudades tienden a convertirse en inmensos desiertos llenos de gente, donde cada cual vela por su santo y está cada cual metido en su propia burbuja”
 
¿Podremos realmente cambiar? 
«Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de dioses, pero la verdad trabaja, como un desafío candente, sobre las conciencias de los hombres”.
«El destino no está escrito, lo escribimos nosotros todos los días, todo el día».
 
¿Entonces hay esperanza de que este mundo cambie para mejor?
«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”
«Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizás desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.
 
¿Qué tan importante es la acción? 
«Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.
 
¿Habrá entonces que perseguir nuestros ideales por más utópicos que parezcan?
«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos y el horizonte se corre dos pasos, camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».
 

   Para mi sería un privilegio poder hacer una charla de café con Eduardo Galeano, y preguntarle tantas cosas, quizá algún día tenga la oportunidad de hacerlo, mientras tanto me quedo con mis preguntas inventadas y sus respuestas reales. Les recomiendo no sólo leerlo, sino escucharlo, porque para aquellos que nos gusta cuestionarnos cosas , sin duda alguna Galeano es de esos autores que nos aclara muchas cosas o mejor aún, que nos hace cuestionarnos a nosotros mismos y a nuestros paradigmas.