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Captura de pantalla de 2013-05-10 18:03:32

Desde que el mundo es mundo, el hombre ha tenido enquistado en lo más profundo de su ser, aquello que llaman “anhelo de seguridad” es decir, busca a toda costa tener seguridad en su destino.
 
Este concepto, junto con otros paradigmas, nos hacen aferrarnos a ciertas ideas con las que creemos sentirnos más seguros. La realidad es muy diferente. Hay muchos ejemplos en la vida que nos hacen ver que las cosas cambian, que lo único constante, es el cambio y que éste, se da a una velocidad impredecible. Dicho esto, nada nos garantiza que aferrarnos a esos paradigmas, nos hará estar más seguros.
 
Para clarificar con un ejemplo, me gustaría mencionar que en la época que yo era niño nos enseñaban que debíamos estudiar para ser “alguien en la vida”. Esto implicaba obtener un título profesional. Y para completar el cuadro, para garantizar que nos fuera bien, lo deseable era contratarse con una empresa sólida para hacer carrera. Ese fue el paradigma que la mayoría de nuestra generación compramos a nuestros padres, abuelos y maestros como “lo que había que hacer”.
 
Hoy me queda claro que yo sí lo compré. No en balde invertí 35 años de mi vida haciendo carrera en las compañías del sector asegurador y afortunadamente lo combiné con una experiencia de 28 años de pequeño empresario, lo que me brindó una atractiva y cómoda, pero peligrosa fórmula que, sin duda, me ha resultado en un muy buen nivel de vida, muchas satisfacciones y gran aprendizaje.
 
Sin embargo, los cuestionamientos se agolpaban en mi cabeza y, en los últimos años, me cuestioné cada día más si estaba haciendo lo correcto, sobre todo en dos aspectos:

El primero: si no es que me encontraba en una una “zona de confort”, que me estuviera limitando a dar mucho más de mí mismo.
 
Y el segundo y quizás mucho más grave: si no estaba cometiendo el pecado de gastar mi vida en una “jaula de oro”, que yo mismo había elegido y que no me permitía desarrollarme de manera óptima haciendo más de lo que más me gusta hacer y sobre todo, viviendo más como me gusta vivir.
 
Después de mucho analizar ambos cuestionamientos, la respuesta era clara: sí. Sin embargo, aun cuando sabía, cuál era la decisión que debía tomar, persistía en mí el gran temor a lo desconocido y a dejar el ingreso quincenal seguro, el glamour y las prestaciones que significaba ser alto funcionario de una aseguradora.
 
En cuanto a dejar la “zona de confort”, a menos de 30 días de operar bajo el nuevo esquema que elegí para generar mi sustento, no niego que por momentos, se han presentado lapsos de angustia por saberme en la incertidumbre de no estar ya en una nómina. Pero, conforme pasan los días y con cada paso que doy como independiente, percibo con gran ilusión el gran océano de oportunidades que se presentan para la gente que trabaja, no sólo con con deseos de generar riqueza, sino con la visión de dejar un legado a su paso por la vida.
 
Y en cuanto a la “jaula de oro”, día a día me convenzo más, de que me encanta mi libertad; de que, es una verdad de a kilo eso que: “todo día dedicado a hacer lo que no te gusta hacer, pero que lo tienes que hacer por mandato, es un día perdido”… Sobre todo, día a día, me doy más cuenta, que es real ese pensamiento que reza: “todo aquello que puedas desear se encuentra del otro lado del miedo”.

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2 comments to Detrás del miedo

  • ROSSY

    QUE ALEGRIA SENTIR QUE EN VIDA LO QUE VERDADERAMENTE VALE ESTA,DARSE CUENTA QUE VIVIR EL PRESENTE SIN MIEDOS,SIN ATADURAS,SIN APARIENCIAS,ES VIVIR…VIVIR DE VERDAD…DARSE CUENTA QUE ES ALIMENTANDO EL ALMA COMO SE LOGRA VIVIR PLENAMENTE….
    HERMOSA REFLECCION.

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