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“Y el mundo giró”

Aunque algunos no queramos darnos cuenta, el mundo giró… y hoy, definitivamente no es el mismo.

Dicen –y con mucha razón– que lo único constante hoy es el cambio. Muchos se resisten al él, aunque el resistirse al cambio a veces termine por matarlos.

Otros tratan de adaptarse a él.   Los que lo hacen más rápido, generalmente, sobreviven. En cambio, a los que les cuesta adaptarse a él, son los que suelen desaparecer.

Otros, los menos, llegan incluso a preverlo; éstos son los llamados visionarios, como Bill Gates, que en marzo de 2015 dictó una estupenda conferencia TED* hablando de que, mientras el mundo temía que ocurriera una guerra nuclear, el veía que lo que podría destruir al mundo o al menos cambiarlo dramáticamente sería un tema viral o bacteriológico.  Lo explicó tan detalladamente  que al verlo hoy nos impactamos de su certeza; parece que hubiera visto el futuro reseñando la problemática que está sucediendo hoy, 5 años después.

Y claro, es posible que haya habido otros que hasta lo hayan generado, ya sea accidentalmente o de manera intencional.  Ojalá no sea lo último.

Hoy, el mundo sufre una pandemia llamada COVID-19, originada aparentemente en China y esparcida por todo el mundo.

Se habla mucho de la guerra entre las potencias USA y China, y del involucramiento de países que también tienen gran influencia en el planeta como Arabia Saudita, Rusia y otros más. Y, de si la pandemia del COVID-19 fue accidental o provocada –lo cual difícilmente llegaremos a saber a ciencia cierta.

En México estamos reaccionando de manera muy lenta y des-coordinada y, al parecer, dada la situación, será a través del internet y las redes sociales que iremos armando el rompecabezas de lo que es y de lo que está ocurriendo en el mundo y por supuesto en nuestro México.

Es impresionante que en la era del internet y de las redes sociales, nos lleguen advertencias, (sobre todo de España y de Italia, países, por cierto muy parecidos a México), pidiéndonos no cometer los mismos errores que ellos y que viendo las dificultades que están pasando no sólo ellos, sino países muy poderosos y con sistemas sanitarios mucho más potentes que los mexicanos (China, Estados Unidos, Alemania, Rusia)  como decía mi madre: “Veamos la tempestad y no nos hinquemos”.

Pareciera que a muchos mexicanos no nos importara lo que escuchamos de fuera. Por fortuna, no a todos.

La sociedad va reaccionando aunque no lo rápido que debería y tratando de concientizar a los demás sobre una realidad que a nadie nos gusta pero que aquí está y no podemos negar.

A diferencia de los terremotos de 1985 y 2017,  en los que muchos mexicanos nos volcamos a las calles para tratar de ayudar, hoy la situación exige algo que parece más difícil y es el hecho de quedarnos quietos, de confinarnos en nuestros hogares y de llevar a cabo muchas recomendaciones preventivas para evitar la propagación de la pandemia.

Esto es mucho mas difícil, porque nos sentimos poco productivos, faltos de acción y nos obliga a priorizar la salud colectiva (sobre todo, la de los más vulnerables como las personas de la tercera edad, con diabetes, obesidad, problemas cardíacos y mujeres embarazadas) enfrentando esto a nuestros valores sobre la economía, obligándonos a reflexionar profundamente y cambiar radicalmente nuestros hábitos.

Yo pienso que mientras más sabia es la gente, mas rápido renunciará a su vida tal como era y tratará de mesurarse, tomando todas las precauciones posibles y más, incluso con riesgo de parecer exagerados.  Y, al mismo tiempo veremos que los más ignorantes, testarudos y tercos, tratarán de minimizar y negar lo evidente siguiendo con su vida como si nada pasara e invitando a los demás a hacer lo mismo.

El confinamiento es una situación que definitivamente depende de las posibilidades de cada persona y cada familia. Estoy consciente de que la mayoría de los mexicanos  vive al día y pocos pueden aislarse,  pero si nos unimos, unos podremos ayudar a otros y se convertirá en una cadena de favores. Es por todos.

Hemos escuchado hasta el cansancio las diversas problemáticas de este virus:

  • Periodo de gestación 15 días aproximadamente
  • Alto contagio.
  • A diferencia de las infecciones por bacterias los virus o contagios virales no se combaten con antibióticos, los virus los combate el cuerpo y o gana el cuerpo o gana el virus, pero no hay medicamento.
  • Un porcentaje menor (15% aproximadamente) requiere de cuidados intensivos en hospitales y otro, aún menor, (aproximadamente el 3 %) causará la muerte del afectado.
  • Mucha gente lo portará de manera asintomática esparciéndolo de manera exponencial.

Lo grave es que hablando de poblaciones enteras, para el porcentaje de los casos que se agravan (15%), no hay sistema de salud que pueda afrontarlo. No en países desarrollados y menos en un país en desarrollo como México.  

Esto significa que a mayor rapidez y mayor eficacia de las medidas preventivas, mejores serán los resultados.  Sin embargo, como vemos la cosa, desafortunadamente,  no pinta bien.

Es por ello que la primera y vital medida de muchas que aconseja la prudencia es la del confinamiento.  De lo contrario no solo me puede tocar la lotería inversa y me contagio  sino que se puede complicar mi caso y puedo morir, o puedo portar el virus y contagiar a mucha gente y y de la más querida que también podrá morir.

Por todo esto hay algo que debemos hacer sí o sí y nos lo están gritando a los cuatro vientos en muchos países: METÁMONOS A NUESTRAS CASAS Y QUEDÉMONOS AHÍ.

Tenemos la idea clara de que el COVID-19 llegó a Italia y España unas semanas antes que a México.  Por simple lógica, no precisamente porque en ambos países tengamos información confiable, sino porque porque en México aún no están rebasados los hospitales con casos de COVID-19, desafortunadamente es cuestión de tiempo para que esto suceda.

Sabemos que tanto en España como en Italia, ha habido un muy mal manejo –sobre todo tardío– del problema por parte de las autoridades por las acciones que hemos visto y desafortunadamente México podría superar a ambos países, aunque difícilmente se va a aceptar de manera oficial.

El problema de información sugiere que aún cuando muchos pacientes pudiesen morir por esta causa, será muy difícil que los hospitales lo declaren, sin que medie una prueba de sangre que haya dado positivo al COVID- 19.

Hasta hoy son muy pocas las instituciones para realizar la prueba, lo que se traducirá en que muchos de los casos no contarán con ésta a la hora de la atención y sucederá –como siempre ha pasado– que difícilmente un hospital se arriesgará a dar como causa de la muerte, una enfermedad infecciosa y menos proveniente de esta pandemia.

Me parece que la importancia que cobrarán las redes sociales es indiscutible. Nos nutren exageradamente de información que nos llega de todo el planeta. Tendremos que ser muy inteligentes para catalogarla, tamizarla y utilizarla adecuadamente y ser muy asertivos con nuestra comunicación porque tenemos una gran responsabilidad con todos los demás en ello. 

Pero no todo es malo.  El planeta estaba muy cansado.  Ya no aguantaba la contaminación, el ruido, la aceleración y tantas cosas negativas que han surgido. Hemos visto que al detenernos un poco, al confinarnos, muchas cosas han cambiando para mejor. Espero que esta tragedia nos haga cobrar conciencia de cómo hemos golpeado al planeta, a nuestra casa.

El planeta se está limpiando, a un precio muy elevado en vidas humanas, en costo de calidad de vida y no se diga en términos económicos, pero ya era hora de que nos responsabilizáramos y lo escucháramos.

Viviremos una recesión económica nunca antes vista. Por algún tiempo arraigados en nuestros hogares y con una forma de vida a la cual no estamos acostumbrados, pero que seguramente disparará nuestra creatividad y, si somos cuidadosos, reforzará nuestra relación con nuestras familias y nos creará nuevos y positivos hábitos.

Algunos somos muy privilegiados en las condiciones de nuestro arraigo, otros desafortunadamente no, pero todos, no importando raza, religión o posición económica estamos en riesgo de muerte. Todos somos uno y unidos lograremos vencer este nuevo reto.  Recordemos que esta situación no es para el más inteligente sino para el más sabio y la sabiduría es la conquista de la reflexión.

Reflexionemos ahora: nuestra vida ya cambió, es una realidad, el mundo ya giró y todos nosotros con él.

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